Memorias de Malvinas

A días de cumplirse cuatro décadas de la Guerra de Malvinas, tuvimos el privilegio de conversar con cinco héroes que compartieron con nosotros las memorias de esos días y de lo que vivieron después.

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Nos encontramos a metros del monumento, sobre la Plaza de la Intendencia. La mañana estaba gris y fresca y cinco hombres se dispusieron a relatar el capítulo de la historia que los marcó a fuego cuando apenas dejaban atrás la adolescencia.

Son cordobeses y actualmente cumplen funciones en la Secretaría de Veteranos de Guerra de la Municipalidad de Córdoba. Así se presentaron: Julio César Martínez, Luis Oscar Calcara y Orestes José Chiaro, del Regimiento de Infantería 8, Comodoro Rivadavia; Carlos Alberto Martínez, Grupo de Artillería Aerotransportada 4, y Hugo Andrada, Regimiento de Infantería 8, Gral. O´Higgins.

Las miradas lo dicen todo. Basta una pregunta para trasladarlos a ese momento y ese lugar donde hace 40 años dejaron parte de su vida. Y, si bien los recuerdos siempre los acompañan, los aniversarios movilizan emociones encontradas, más cuando se trata de un número redondo como este.


Antes del 2 de Abril

La guerra se inició el 2 de abril de 1982 pero había comenzado a gestarse mucho antes: Argentina reclamaba la soberanía sobre Malvinas desde su ocupación por parte de los británicos, en 1833, y se había intensificado a partir de la década del ´60, cuando fue reconocido como legítimo por la ONU y la OEA. Esto dio lugar al inicio de diversas negociaciones diplomáticas sin resultados satisfactorios.

Luis Calcara muestra orgulloso la tela que cubría por dentro su casco.


“Estábamos en el regimiento, en el campo de instrucción”, señala Chiaro. Luis agrega: “Entramos el 1 de febrero, tuvimos instrucción hasta el 25 de marzo, cuando nos prepararon para ir a un conflicto pero no sabíamos a dónde. Hicimos reconocimiento en diferentes puntos de la Patagonia.

También había dudas sobre la fecha en la cual se iba a realizar la recuperación de la isla. El 2 de abril, en un acto en la Plaza de Armas, anunciaron que las islas habían sido recuperadas. Cantamos la Marcha de Malvinas y el Himno”. Tres días después, él y otros compañeros partieron en un Hércules hacia Bahía Zorro, al sudeste de la Isla Gran Malvina, su destino final.

“Hace 40 años nacimos y volvimos a vivir”

Con esa frase, Luis sintetiza la cicatriz que les dejó la guerra que, siendo muy jóvenes, los obligó a tomar las armas con muy poca preparación aunque llenos de coraje, a un destino que cambió sus vidas para siempre.
“Hoy tengo 58 años pero me considero de 40; aprendimos en poco tiempo a vivir cosas buenas y malas, supimos valorar a los seres queridos”, relata Luis.

Pese al dolor, el patriotismo sigue intacto: “Fueron 74 días haciendo mucho para mantenernos en pie y defender nuestra Patria. Yo me siento muy orgulloso de haber estado en Malvinas, fue una gesta maravillosa. Lamentablemente quedaron muchos centinelas allí; esa es la desgracia de cualquier guerra”, reflexiona.

El regreso

Este grupo de soldados del Regimiento 8 permaneció en Bahía Zorro hasta el 15 de junio de 1982, cuando fueron tomados prisioneros de los ingleses. El 24 de junio los trasladaron a Puerto Madryn. La guerra había terminado, ya estaban en suelo argentino pero no sospechaban que otra guerra los esperaba. “Indiferencia”, “olvido” y “silencio” son palabras recurrentes. 40 años después, aún se preguntan: ¿Cómo es posible que el Estado que los había enviado a pelear por su país les diera la espalda?

De izquierda a derecha, los cinco héroes de Malvinas que dialogaron con La Posta: Julio César Martínez, Hugo Andrada, Carlos Alberto Martínez, Orestes José Chiaro (arriba, a la derecha) y Luis Calcara.

Lucharon en condiciones desfavorables, contra un frío sin piedad, sin equipamiento adecuado y hasta contra el hambre, pero parecía que nada de eso alcanzó para recibir un reconocimiento digno.

“De Malvinas no se habla más”, les dijeron. Esa frase fue como una orden. No se podía hablar de la guerra perdida ni de lo que allí habían vivido. Mientras, como si debieran sentir vergüenza, los mandos militares cubrieron las ventanillas de los colectivos que trasladaron a los excombatientes a sus lugares de origen.

Se iniciaba un oscuro período de abandono que duraría casi 10 años y que profundizó el daño causado por la guerra. “Regresamos a nuestras casas y nos encerramos según cómo nos había afectado emocionalmente, sin ninguna contención psicológica”, dicen. Por eso, al menos el 90% de los veteranos sufre algún tipo de trauma de guerra.

Romper el silencio para sanar

Hablar de lo vivido en la guerra era una necesidad difícil de contener. “Desde el ´82 y hasta los primeros años de la década del ´90 hacíamos “terapia” entre nosotros, nos contábamos nuestra vivencias pero no era algo profesional sino más bien un grupo de autoayuda”, relata Chiaro.

Reunirse, compartir lo vivido, escuchar a otros excombatientes y hasta llorar empezaba a ser una manera de sanar. Fue la alternativa que encontraron ante la falta de una contención psicológica brindada desde el Estado. Algo positivo tenía: “Entre nosotros hablamos el mismo idioma, asegura Carlos Martínez; quizás un profesional no te llega a entender como te entiende otro veterano”.

Luis Calcara junto a Jorge “Beto” Altieri, el veterano de Malvinas que fue noticia en 2019 cuando recuperó el casco que le salvó la vida en la guerra.


Las primeras reuniones se dieron de forma natural y por cercanía: “Tenías un conocido del barrio y te empezabas a juntar, explica Chiaro; no es que volvimos y dejamos de vernos”. Hubo excepciones, porque cada uno procesó la experiencia como pudo, y algunos decidieron no reunirse ni participar de actos como una manera de bloquear lo sucedido.

La otra lucha

“Desmalvinización” es la palabra con la que describen el destrato que sufrieron por parte del Estado. La prohibición de hablar tenía consecuencias concretas en su salud, en su entorno familiar y en las oportunidades laborales que necesitaban para seguir con sus vidas.
Con el tiempo, y gracias a la conformación de entidades de veteranos de guerra a nivel nacional, llegaron los primeros reconocimientos. Lejos de ser espontáneos, resultaron de numerosos reclamos a lo largo de los años.

Lamentablemente, la lucha hoy continúa: “Necesitamos un plan de salud”, explica Luis. “Ahora tenemos cortado todo lo que es odontología”, agrega Carlos. “Fuimos muy olvidados por el Estado pero el pueblo nunca nos dio la espalda, dice Chiaro; si hubo olvido durante los primeros años fue porque no se dejaba hablar del tema”. Y sonríen cuando recuerdan los aplausos que reciben en cada desfile. “GRACIAS por acompañarnos cuando los necesitamos, por estar presentes en cada acto en los que nos aplauden y se emocionan, gracias por esa caricia al alma.”

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