Várices: mucho más que una cuestión estética

El Dr. Eduardo Pensa, jefe del Servicio de Cirugía Vascular Periférica y Flebología de la Clínica Universitaria Reina Fabiola, explicó por qué se forman y cómo se pueden prevenir.

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Es importante prevenir y tratar las várices de acuerdo al grado de afección. Esta patología es de consulta frecuente, principalmente, entre las mujeres de mediana edad. Se produce por la dilatación y elongación de las venas de los miembros inferiores y está acompañada de una deficiente función del transporte de la sangre hacia el corazón.

Las várices pueden afectar venas superficiales, colaterales, profundas o perforantes, existiendo diferentes factores que las empeoran, como la gravedad (posición de pie), la presión abdominal aumentada en el embarazo, el sobrepeso, las compresiones externas, entre otras, que pueden generar que la circulación habitual de la sangre se altere y provoque la aparición de venas varicosas de distinta gravedad.

El Dr. Pensa reconoció que el 95% de las várices se presentan en venas superficiales, lo que las vuelve más visibles. La clasificación clínica depende de cuatro aspectos:

  • Clínica: son todos los signos y síntomas que pueden ayudar a determinar la afectación. En términos generales, quienes sufren de venas varicosas presentan en sus piernas sensación de pesadez, cansancio, edemas, (hinchazón principalmente a partir de la tarde), dolor distal (de la rodilla hacia abajo), hormigueo, calambres y trayectos varicosos a la vista. En este punto también se tienen en cuenta los antecedentes familiares y el peso.
  • Etiología (causas): está relacionado al origen de la patología, es decir, si es congénita, (primaria) o secundaria.
  • Anatomía: su clasificación dependerá de si las venas varicosas son profundas, superficiales, perforantes o colaterales.
  • Fisiopatología: (la forma en que se altera la función) señala la presencia de reflujo venoso y/u obstrucción.

Trabajar en la prevención

Las várices no se curan, por eso, los tratamientos apuntan a atenuar los síntomas y su evolución natural.

En este sentido, cobran vital importancia las acciones que pueden prevenir y retardar la aparición de esta enfermedad. Podés prevenirlas si:

  • Cuidá tu hidratación.
  • Mantené  una buena postura: una correcta pisada y un aparato muscular tonificado (principalmente en muslos y pantorrillas) son fundamentales.
  • Evitá estar varias horas sentado o parado y, si debés hacerlo, usá medias de compresión.
  • Elongá  los músculos  de los miembros inferiores.
  • Elevá las piernas sobre un almohadón por al menos 15 minutos.
  • Mantené una dieta saludable y controlá tu peso.
  • Caminá  diariamente.

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